Psicología y Psiconutrición

Terapia lo que es y lo que no debería ser

Terapia: lo que es y lo que no debería ser

Terapia: Lo que es y lo que no debería ser

Guía para entender el proceso terapéutico

¿Qué se hace en terapia?

A terapia no se viene a buscar fórmulas mágicas ni a recibir instrucciones para la vida. Se viene porque algo no anda bien, porque el sufrimiento aprieta o porque uno no entiende qué le pasa. Y, sobre todo, se viene a hablar, a poner en palabras lo que se escapa entre los dedos y pesa en el cuerpo.

El trabajo no es repetir consignas ni aplicar técnicas de autoayuda. Es tomarse el tiempo de escuchar lo que se dice y, a veces, lo que se calla. No se trata solo de apagar el síntoma, sino de entender qué nos dice. En este recorrido, el terapeuta no es un guía ni un consejero; es alguien que escucha, que devuelve algo al que habla para que pueda verse en sus propios dichos.

La ilusión de las soluciones rápidas

La vida moderna nos ha acostumbrado a la inmediatez. Queremos todo ya: la comida en cinco minutos, la respuesta al mensaje en segundos, la cura del malestar en una sesión. Pero el deseo no funciona así, y el inconsciente menos. La prisa por arreglar lo que duele suele ser la mejor manera de evitar lo que realmente importa.

No es raro que alguien llegue a consulta con la idea de que un problema debe resolverse en poco tiempo, como si fuera cuestión de voluntad. Pero lo cierto es que el síntoma no es un intruso que hay que eliminar; es un mensaje que merece ser escuchado. Cuando se intenta hacer desaparecer sin más, sin preguntarse qué dice, lo más probable es que vuelva a aparecer con otro disfraz.

El problema de enfocarse solo en la conducta

Hay una idea muy extendida: cambiar de hábitos, pensar en positivo, seguir ciertos pasos para corregir lo que está mal. Como si los pensamientos y las emociones fueran piezas de un engranaje que se pueden ajustar con la herramienta adecuada. Pero las cosas no funcionan así. No se cambia de vida con decretos ni con simples ejercicios.

El problema de atacar solo la conducta es que se deja intacta la raíz del asunto. No basta con dejar de hacer algo o con intentar hacer lo contrario. Sin entender por qué se repite un comportamiento, la modificación es pura fachada. Lo que no se resuelve en profundidad, tarde o temprano, vuelve de otra forma.

El peligro de suprimir síntomas sin comprender su origen

Los síntomas molestan, es cierto. Nadie quiere vivir con angustia, insomnio o ataques de pánico. Pero, si están ahí, es porque tienen algo que decir. Son señales de algo que no se ha podido poner en palabras. Quitarlos sin más, sin saber qué los origina, es como apagar la alarma sin revisar qué la ha hecho sonar.

El riesgo de tratar el síntoma como un problema aislado es que se pierda la oportunidad de entender lo que está en juego. Lo que no se elabora queda atrapado, esperando una nueva oportunidad para manifestarse. Y, cuando lo hace, suele ser de una manera aún más difícil de sobrellevar.

La importancia de una terapia sin tiempos prefijados

No hay una medida exacta para el tiempo que lleva un proceso terapéutico. No se puede saber de antemano cuándo alguien va a poder decir algo que le haga sentido, ni cuándo va a encontrar su propia manera de estar en el mundo. La idea de que un tratamiento debe durar un número fijo de sesiones es más una exigencia de productividad que una necesidad real.

Escuchar lleva tiempo. Elaborar lo que se dice, también. No se trata de cantidad, sino de lo que se pone en juego en el encuentro con el otro. Una terapia que respeta los tiempos de quien consulta permite que el cambio sea genuino y no una simple corrección superficial.

Las soluciones rápidas seducen, pero no sostienen. Lo que realmente transforma es aquello que se trabaja en profundidad, sin apuro y sin atajos.

Si tienes alguna pregunta o deseas obtener más detalles no dudes en contactarnos.

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