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¿Te has fijado en que septiembre puede parecerse un poco a enero?
Después del verano, muchas veces sentimos que toca volver a empezar, reorganizarnos y recuperar ciertas rutinas. Pero septiembre pasa, llega octubre, después noviembre y diciembre… y el cuidado de nuestra salud no debería depender de una fecha concreta del calendario.
Y con la rutina aparecen también las metas, los objetivos, las listas de cosas pendientes y, a veces, la comparación con los demás.
“Ahora tengo que organizarme”.
“Debería volver a cuidarme”.
“Este mes tengo que hacerlo mejor”.
“Me he pasado durante las vacaciones”.
Quizás te resulte familiar.
Pero hoy me gustaría proponerte otra mirada: ¿y si no necesitáramos empezar de cero cada vez que cambia una etapa del año, sino preguntarnos qué necesitamos para sentirnos mejor?
¿Qué significa realmente estar saludable?
Tener objetivos puede ser positivo. Las metas pueden ayudarnos a avanzar, a introducir cambios y a acercarnos a aquello que es importante para nosotras.
El problema aparece cuando esos objetivos se convierten en exigencias constantes o cuando terminamos valorando nuestro bienestar únicamente a través del peso, la talla o lo que marca una báscula.
La salud es mucho más amplia.
Nuestra alimentación, el descanso, el movimiento, la relación con nuestro cuerpo, el bienestar emocional, la digestión, la energía que tenemos durante el día o incluso la posibilidad de disfrutar de nuestras comidas sin culpa forman parte de cómo nos encontramos.
Por eso, en lugar de preguntarnos únicamente “¿cuánto peso?”, podemos empezar a hacernos otras preguntas:
¿Cómo estoy durmiendo?
¿Cómo me siento después de comer?
¿Tengo energía para mi día a día?
¿Cómo me relaciono con la comida?
¿Puedo moverme con comodidad?
¿Estoy viviendo con demasiada exigencia?
¿Estoy cuidándome o intentando controlarme?
Estas preguntas no sustituyen una valoración sanitaria cuando existe un problema de salud, pero sí pueden ayudarnos a ampliar nuestra mirada sobre el bienestar.
5 indicadores de salud más allá de la báscula
1. Cómo estás cuidando tu hidratación
La hidratación es una necesidad básica de nuestro organismo, pero tampoco necesitamos convertirla en otra obligación rígida.
No se trata necesariamente de cumplir una cifra exacta todos los días, sino de observar cómo estamos hidratándonos y qué podemos hacer para incorporar líquidos con regularidad.
El agua puede ser nuestra principal fuente de hidratación, pero también contribuyen otras bebidas y algunos alimentos con alto contenido en agua.
Puedes preguntarte:
¿Bebo con regularidad a lo largo del día?
¿Me acuerdo de hidratarme?
¿Tengo hábitos que me ayudan a mantener una buena hidratación?
La idea no es añadir una nueva norma, sino prestar atención a una necesidad básica de nuestro organismo.
2. Cómo se siente tu cuerpo cuando te mueves
Quizás otro indicador interesante no sea cuánto ejercicio haces ni cuántas calorías gastas, sino cómo te sientes cuando mueves tu cuerpo.
Después de pasar muchas horas sentada o de pie, puedes incorporar pequeños momentos de movimiento, caminar unos minutos, realizar estiramientos suaves o simplemente cambiar de postura.
No tiene que convertirse en otra tarea que cumplir.
A veces, unos minutos de movimiento pueden ser una forma sencilla de preguntarnos:
¿Qué necesita mi cuerpo ahora?
Y esa pregunta puede ser mucho más amable que pensar únicamente en cuánto ejercicio “deberíamos” hacer.
3. Cómo está funcionando tu digestión
La hinchazón abdominal, las molestias digestivas o la sensación de pesadez también pueden ofrecernos información sobre cómo nos estamos encontrando.
En lugar de buscar inmediatamente una lista de alimentos prohibidos, podemos empezar observando.
¿Cómo como?
¿Suelo comer con mucha prisa?
¿Estoy prestando atención mientras como?
¿Hay determinados momentos en los que aparecen más molestias?
¿Existe algún patrón que pueda comentar con un profesional?
Observar no significa culpabilizarnos ni buscar una causa única.
Las molestias digestivas pueden tener diferentes causas y, si son persistentes o importantes, conviene consultar con un profesional sanitario.
Pero aprender a escuchar nuestro cuerpo puede ayudarnos a detectar qué está ocurriendo y, cuando sea necesario, buscar ayuda.
4. Cómo está tu bienestar emocional
Este quizá sea uno de los indicadores que más fácilmente olvidamos cuando pensamos en salud.
Podemos estar cumpliendo perfectamente una rutina y, sin embargo, encontrarnos agotadas, ansiosas o emocionalmente desbordadas.
Por eso también podemos preguntarnos:
¿Qué me está generando ansiedad?
¿Estoy viviendo alguna situación que me está sobrepasando?
¿Estoy pudiendo poner límites?
¿Tengo espacios para descansar y desconectar?
¿Necesito pedir ayuda?
Cuidarnos también implica reconocer cuándo algo nos está haciendo daño y buscar apoyo cuando no podemos gestionarlo solas.
5. Cómo estás durmiendo
No solo importa cuánto dormimos. También podemos observar cómo estamos durmiendo y cómo nos sentimos durante el día.
¿Me despierto descansada?
¿Estoy durmiendo de forma suficientemente regular?
¿Tengo dificultades para conciliar o mantener el sueño?
¿Estoy arrastrando cansancio durante el día?
El sueño forma parte de nuestra salud y bienestar, por lo que mejorar nuestros hábitos de descanso puede ser un objetivo mucho más significativo que perseguir únicamente un determinado número en la báscula.
Si tienes problemas de sueño persistentes, es importante valorar sus posibles causas con un profesional sanitario.
¿Y si septiembre no fuera el mes de empezar una dieta?
Después del verano, pero también después de Navidad, antes de unas vacaciones o simplemente cuando sentimos que hemos perdido el control, puede aparecer la sensación de que necesitamos ‘compensar’ lo que hemos comido, recuperar el control o corregir los supuestos excesos.
Y ahí podemos entrar fácilmente en un ciclo de restricción, exigencia y culpa.
No todas las personas viven este proceso de la misma manera, pero cuando una alimentación se vuelve excesivamente rígida puede resultar difícil de mantener y aumentar la preocupación alrededor de la comida.
Por eso, quizás el objetivo no tenga que ser comenzar otra dieta.
Quizás podamos empezar por preguntarnos:
¿Qué necesito para cuidar mejor de mí?
Una alimentación saludable no tiene que ser idéntica para todas las personas. Nuestras necesidades individuales, preferencias, contexto cultural y circunstancias personales también forman parte de la manera en la que construimos nuestra alimentación.
Y cuidar la salud tampoco debería reducirse a perseguir un determinado peso.
Salud más allá del peso: ampliar la mirada
Cuando dejamos de utilizar la báscula como único indicador, no significa que dejemos de cuidar nuestra salud.
Significa que ampliamos la mirada.
Podemos observar nuestra alimentación, nuestro descanso, nuestra energía, nuestro movimiento, nuestra digestión, nuestro bienestar emocional y nuestra relación con la comida.
Y podemos hacerlo desde la curiosidad, no desde la exigencia.
Desde el autocuidado, no desde el castigo.
Desde la búsqueda de bienestar, no desde la necesidad de compensar.
Por eso, de cara a los próximos meses, te propongo una pregunta diferente:
¿Para qué quiero cambiar?
No solamente qué quieres cambiar.
No solamente cuánto quieres pesar.
Sino para qué quieres sentirte mejor.
Quizás la respuesta tenga más que ver con tener energía para disfrutar de tu día, descansar mejor, relacionarte de otra manera con la comida, sentirte más cómoda en tu cuerpo o vivir con menos exigencia.
Y, desde ahí, los pequeños cambios pueden empezar a tener otro sentido.
Si sientes que necesitas acompañamiento para revisar tu alimentación desde una mirada más amplia e individualizada, puedes conocer mi propuesta de nutrición integrativa y el enfoque con el que trabajo en consulta.